Por Dra. Clair Francomano
Las enfermedades cardíacas son la causa más común de muerte en los Estados Unidos y en gran parte de los países desarrollados. La presión arterial alta, el colesterol LDL y el tabaquismo son factores de riesgo para las enfermedades del corazón. Aproximadamente la mitad de los estadounidenses (49%) tienen al menos uno de estos tres factores de riesgo.
Otras condiciones médicas y el estilo de vida actual también pueden poner a las personas en mayor riesgo de sufrir enfermedad cardíaca: la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo y el consumo excesivo de alcohol. Está claro que realizar un esfuerzo por adoptar la dieta mediterránea puede reducir considerablemente el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y muerte por enfermedades del corazón.
Un nuevo estudio, publicado en el "New England Journal of Medicine" en Febrero de este año, estableció concluyentemente que modificar la dieta puede marcar un cambio definitivo en el riesgo de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y muertes por enfermedades del corazón. En el estudio, una de las intervenciones dietéticas más rigurosas publicadas, demostró que las personas con alto riesgo de enfermedades cardíacas redujeron su riesgo en un 30% al adoptar una dieta Mediterránea. La dieta en este estudio incluía el aceite de oliva, nueces, frijoles, pescado, frutas y verduras. Asimismo, los participantes bebían vino en sus comidas.
Los investigadores compararon la dieta Mediterránea con una dieta convencional baja en grasas. Estudios anteriores no tuvieron pudieron demostrar que una dieta baja en grasa es efectiva en la reducción de la morbilidad y la mortalidad por enfermedades del corazón. Por otra parte, las dietas bajas en grasa son notablemente dificiles de mantener y el estudio actual confirma esta observación. Los investigadores realizaron su estudio en España, asignaron al azar a 7,447 personas una dieta mediterránea y otra baja en grasa. Todos los participantes se encontraban en alto riesgo de padecer enfermedad cardíaca, tener sobrepeso, fumadores, diabéticos o con otros factores de riesgo para sufrir enfermedad cardíaca.
Los sujetos fueron divididos en tres grupos, dos de los cuales fuerón instruidos son una dieta Mediterránea, y el otro con una dieta baja en grasas. Inicialmente, los participantes con la dieta Mediterránea fueron apoyados con mayor intensidad, se reunian regularmente con nutriologos; el grupo de la dieta baja en grasas se reunio una sola vez con un nutriólogo y recibio un folleto sobre la dieta anual. Posteriormente al notar que el cumplimiento de la dieta era un problema se les dio más apoyo.
Los participantes en la dieta Mediterránea fueron instruidos para consumir al menos tres porciones de fruta y por lo menos dos porciones de verdura al día. Comer pescado al menos tres veces por semana y platos a base de legumbres (frijoles, arvejas o lentejas) al menos tres veces a la semana. Se pidió a los participantes en el estudio el sustituir la carne de aves de corral para poder tomar al menos 7 copas de vino a la semana si así lo deseaban. A los dos grupos asignados a la dieta Mediterránea se les dio aceite de oliva extra virgen e instrucciones de utilizar al menos 4 cucharadas al día o bien una combinación de nueces, almendras y avellanas (una onza por día o 1/4 de taza). Se alentó a todos los participantes a limitar el consumo de productos lácteos, carnes procesadas, evitar las galletas comerciales y los pasteles.
Los investigadores evaluaron el cumplimiento de la dieta midiendo un marcador del consumo de aceite de oliva y un marcador del consumo de frutos secos. Lo que encontrarón fué que los participantes se quedaron con la dieta Mediterranea, pero que los asignados a una dieta baja en grasa no disminuyeron su consumo considerablemente. Así el estudio demostro la diferencia entre la dieta Mediterránea y la costumbre de la dieta moderna. El resultado fué sorprendente, incluso para los investigadores, que finalizaron el estudio antes de lo previsto cuando se hizo evidente que los participantes asignados a la dieta baja en grasas estaban experimentando ataques cardíacos, accidenetes cerebrovasculares y muerte por enfermedades del corazón a un ritmo mucho mayor que los participantes con la dieta Mediterránea. La dieta redujo la tasa de morbilidad grave y la mortalidad por enfermedad cardíaca en un 30%.
Entonces ¿Cuál es la ciencia detrás del impresionante
éxito de la dieta mediterránea? Es la misma que está detrás del
Triángulo de la Salud de Kyäni. Los antioxidantes de las frutas y
verduras, las grasas antioxidantes solubles y el poder generador de
óxido nítrico de una dieta rica en frutas y verduras son los pilares de
la dieta mediterránea.
Las enfermedades cardíacas son la causa más común de muerte en los Estados Unidos y en gran parte de los países desarrollados. La presión arterial alta, el colesterol LDL y el tabaquismo son factores de riesgo para las enfermedades del corazón. Aproximadamente la mitad de los estadounidenses (49%) tienen al menos uno de estos tres factores de riesgo.
Otras condiciones médicas y el estilo de vida actual también pueden poner a las personas en mayor riesgo de sufrir enfermedad cardíaca: la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el sedentarismo y el consumo excesivo de alcohol. Está claro que realizar un esfuerzo por adoptar la dieta mediterránea puede reducir considerablemente el riesgo de enfermedad cardíaca, accidente cerebrovascular y muerte por enfermedades del corazón.
Un nuevo estudio, publicado en el "New England Journal of Medicine" en Febrero de este año, estableció concluyentemente que modificar la dieta puede marcar un cambio definitivo en el riesgo de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y muertes por enfermedades del corazón. En el estudio, una de las intervenciones dietéticas más rigurosas publicadas, demostró que las personas con alto riesgo de enfermedades cardíacas redujeron su riesgo en un 30% al adoptar una dieta Mediterránea. La dieta en este estudio incluía el aceite de oliva, nueces, frijoles, pescado, frutas y verduras. Asimismo, los participantes bebían vino en sus comidas.
Los investigadores compararon la dieta Mediterránea con una dieta convencional baja en grasas. Estudios anteriores no tuvieron pudieron demostrar que una dieta baja en grasa es efectiva en la reducción de la morbilidad y la mortalidad por enfermedades del corazón. Por otra parte, las dietas bajas en grasa son notablemente dificiles de mantener y el estudio actual confirma esta observación. Los investigadores realizaron su estudio en España, asignaron al azar a 7,447 personas una dieta mediterránea y otra baja en grasa. Todos los participantes se encontraban en alto riesgo de padecer enfermedad cardíaca, tener sobrepeso, fumadores, diabéticos o con otros factores de riesgo para sufrir enfermedad cardíaca.
Los sujetos fueron divididos en tres grupos, dos de los cuales fuerón instruidos son una dieta Mediterránea, y el otro con una dieta baja en grasas. Inicialmente, los participantes con la dieta Mediterránea fueron apoyados con mayor intensidad, se reunian regularmente con nutriologos; el grupo de la dieta baja en grasas se reunio una sola vez con un nutriólogo y recibio un folleto sobre la dieta anual. Posteriormente al notar que el cumplimiento de la dieta era un problema se les dio más apoyo.
Los participantes en la dieta Mediterránea fueron instruidos para consumir al menos tres porciones de fruta y por lo menos dos porciones de verdura al día. Comer pescado al menos tres veces por semana y platos a base de legumbres (frijoles, arvejas o lentejas) al menos tres veces a la semana. Se pidió a los participantes en el estudio el sustituir la carne de aves de corral para poder tomar al menos 7 copas de vino a la semana si así lo deseaban. A los dos grupos asignados a la dieta Mediterránea se les dio aceite de oliva extra virgen e instrucciones de utilizar al menos 4 cucharadas al día o bien una combinación de nueces, almendras y avellanas (una onza por día o 1/4 de taza). Se alentó a todos los participantes a limitar el consumo de productos lácteos, carnes procesadas, evitar las galletas comerciales y los pasteles.
Los investigadores evaluaron el cumplimiento de la dieta midiendo un marcador del consumo de aceite de oliva y un marcador del consumo de frutos secos. Lo que encontrarón fué que los participantes se quedaron con la dieta Mediterranea, pero que los asignados a una dieta baja en grasa no disminuyeron su consumo considerablemente. Así el estudio demostro la diferencia entre la dieta Mediterránea y la costumbre de la dieta moderna. El resultado fué sorprendente, incluso para los investigadores, que finalizaron el estudio antes de lo previsto cuando se hizo evidente que los participantes asignados a la dieta baja en grasas estaban experimentando ataques cardíacos, accidenetes cerebrovasculares y muerte por enfermedades del corazón a un ritmo mucho mayor que los participantes con la dieta Mediterránea. La dieta redujo la tasa de morbilidad grave y la mortalidad por enfermedad cardíaca en un 30%.
Entonces ¿Cuál es la ciencia detrás del impresionante
éxito de la dieta mediterránea? Es la misma que está detrás del
Triángulo de la Salud de Kyäni. Los antioxidantes de las frutas y
verduras, las grasas antioxidantes solubles y el poder generador de
óxido nítrico de una dieta rica en frutas y verduras son los pilares de
la dieta mediterránea.
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